miércoles, 14 de octubre de 2009

Cambio de menú

Esta mañana (como todas) estaba tomando mi café mientras veía un programa informativo, en el que he tenido que escuchar por boca de Jorge Moragas Sánchez -Brías, diputado por Barcelona del Comité Ejecutivo Nacional del PP, la siguiente lindeza: 'La guerra, a veces, está justificada para conseguir causas y valores superiores'. Manda huevos.
Dejando de lado la pura hipocresía de estas palabras, ya que sólo merecen indiferencia, la guerra y el conflicto son cuestiones que me superan a todos los niveles. No puedo concebirlas ni digerirlas. Me interrumpen el sueño nocturno y me dan dolor de cabeza.
Sólo se tratar a la gente de manera amable, aunque algunas personas a lo largo de mi vida no hayan sabido 'leer' mi forma de ser (han sido muy pocas, por suerte), y hayan buscado la discusión y el enfrentamiento.
A estas alturas de la película no hay necesidad de dormir mal, y creo que empiezo a saber distinguir la mosca en la sopa, esa que te hace dejar el plato entero.
Por muy pequeña que sea, una mosca es una mosca.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Sociedad enferma




"Sociedad, pareces loca, espero que no te sientas sola sin mí".Eddie Vedder. BSO Into the wilds (Hacia rutas salvajes). Director Sean Penn

En la actualidad, vivimos en un mundo muy extraño. La violencia está tan presente en nuestras vidas, que descansa en cada uno de nosotros, aceptada como algo inevitable. Unos la hacen aflorar, otros no. Pero permanece. Cada día se pasean por nuestras casas imágenes terribles de guerras, niños con miembros amputados, vidas destrozadas por cualquier desgracia, a cual más cruel. Los informativos eligen las más impactantes, porque es “lo que vende”. Y “lo que vende” es lo que nosotros elegimos ver, mientras nos preocupamos por cortar más pan, o echar más ketchup a estas patatas, que, además, ¿hoy no tienen mucha sal?

Acudimos impasibles a esta retahíla de barbaridades, deseando que terminen para poder ver los deportes antes de nuestra merecida siesta. Por eso no me sorprende ver ahora el estado en se encuentra Sorty, esta perra que una amiga se ha encontrado agonizando en la calle. No me detendré en describirla de manera poética para inducir algún sentimiento de compasión. El responsable de su situación no se merece ni un minuto de gloria, ni una línea de escritura que contemple su ‘gran obra’. Conozco a varias personas que ya se compadecen, nada más verla, y valoran enormemente la vida humana y la animal, a partes exactamente iguales.
El hombre no se siente parte de la naturaleza, de ahí su destrucción sistemática a costa del progreso y el avance hacia un futuro ‘mejor’, a base de explotar los recursos naturales como si no se fueran a acabar nunca, para que tengamos buenas autopistas, aparatos tecnológicos de última generación, y toda clase de comodidades… ¡no nos vayamos a morir sin móvil! Todo esto parece inevitable, y genera un debate que sería interesante, si no fuera porque cada opinión que escucho acerca del tema, tiene un interés económico o político. Dadas las circunstancias, ¿a quién le sorprende el estado en que se encuentra Sorty?
Puestos a rendirnos a tal evidencia, centrémonos en lo que está en nuestras manos, en lo que podemos cambiar. Y el trato a los animales no sólo se puede cambiar, sino que, además, ‘es justo y necesario’ (como dicen los buenos creyentes que se apiadan de todo) que lo cambiemos. Es vital que las autoridades se impliquen con hechos, y no con palabrerías absurdas. Es vital que las asociaciones protectoras se ayuden y potencien unas a otras para crear un ente más fuerte, más impactante y más preparado para luchar contra los descerebrados que maltratan a los animales. Es vital que los ciudadanos de a pie denuncien sin parar y de manera determinante cada actuación de estos inútiles mentales. Y es vital que casos como el de Sorty nos sorprendan y nos escandalicen.
Sé que lo que para unos es vital, para otros pasará desapercibido como un caso más de maltrato. El entorno en el que nos desenvolvemos es un monstruo demasiado grande como para luchar contra él, con las únicas armas de la palabra y la denuncia. Pero no hace falta convertirnos ahora al absoluto animalismo para comprender que el
maltrato a un ser vivo es un acto de cobardía y miseria.

Yo no soy animalista. Nunca he tenido una mascota. De pequeño, un canario encerrado en una jaula, y poco más. Y cuando una mañana en la terraza, jugando con un balón, le di a la jaula del pajarito y ésta cayó al suelo, mi madre decidió que hasta ahí podíamos llegar. Y mi madre tampoco es animalista. Pero por suerte, me ha enseñado que hay que valorar la vida; su trabajo como madre, entre otras muchas cosas, ha estado siempre en mantener en nuestra frente dos dedos como mínimo, para que pueda caber el sentido común en ellos, y no cometer actos que hagan sufrir a lo que sea que tengamos al lado. A lo mejor todo esto es un problema de educación. Si nos educan para maltratar, seguramente maltrataremos; si lo hacen para respetar, respetaremos. Pero por desgracia, no todos los seres humanos medimos nuestra escala de valores con el mismo rasero.
España es, además, un país con una dilatada tradición en el maltrato a los animales. Es inmensamente triste, pero es así. Sorty es solamente un caso más en esta instalada tradición. Hay fiestas tan arraigadas en el tiempo y en el interior de los habitantes de los pueblos, que no conciben una celebración local sin tirar a una cabra por un campanario, sin masacrar a un toro tirándole dardos, hasta que al final le dan un tiro de gracia, sin ponerle a un toro dos antorchas en los cuernos, etc. Y lo más vergonzoso es que el sufrimiento del animal es directamente proporcional al nivel de diversión del alegre parroquiano de turno, que no tiene nada mejor que hacer que ver morir a animales que considera inferiores, sólo para regodearse de ello y decirse a sí mismo: “yo soy humano, valgo más la pena”.

¿Saben? Voy a parar en este mismo momento de escribir, porque creo que las líneas de arriba se van pareciendo mucho a un informativo de las 15h de la tarde, y mucho me temo que a estas alturas se habrán perdido entre las letras para hacer algo, seguro mucho más interesante.


Txesku

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La soledad cualquiera

Anoche saliste por un momento, y te fuiste al son de un duelo.
Parecías más alargada y amarillenta que otras veces, pero ahí estabas de nuevo, con tu "D" creciente, engañándome una vez más.
Pero esta vez no. Ya te conozco, y cuando vi que ya no estabas, pensé que este es mi momento.
Ser consciente de que tomar una decisión sin imprimirle una trascendencia, puede ser el secreto para cambiarte la vida; y ahora reconozco que la trascendencia de los hechos la dibujamos nosotros. Escuché ayer que "debemos tener cuidado con las cosas que hacemos en la vida, porque en el instante antes de la muerte, ves todo lo que has hecho".
Ahora no se trata de tener cuidado, sino de hacer cosas que luego te dejan dormir.
Anoche, además, paseé de la mano de Koraline por sus mundos de ojos de botón, soñé a medias con Berlín, a medias contigo, volví a cantar con el niño que conoce todas las canciones de la tierra, y entre ensoñaciones, Adela se coló para reclamarme su historia.

Volví a pensar que ahora, no tengo que irme a ningún sitio para echar de menos, porque ya echo de menos a quien lo merece.
Como dice Fito, "viene el viento de otro lado".
Y yo tengo el timón...

miércoles, 22 de julio de 2009

Luna de ron miel






Imagen: Playa de Ortigueira. Galicia
Con las manos al volante mientras Silvia duerme con la boca abierta, comienzo a volver a la rutina desde Pola de Siero, en Asturias, con la resaca de polizón en la maleta. Y es ahí, con los campos anchos de Castilla dejando atrás la alta montaña, donde desfilan ante mis ojos tantos momentos especiales, tantos momentos como dice Dani "de calidad", imposibles de enumerar aquí.
El gallego estaba en la luna, y me tomé varias "garimbas" con él, acompañadas del "raxo" y el Ribeiro, tortilla de patata... para acabar con un chupito de orujo y posos de café que me diseccionó el estómago y me reventó la digestión en media hora.
Y mientras estábamos charlando de la playa de Ortigueira, de tobillos quemados o de la gente buena que vive como galega, se coló a nuestro lado un asturiano escanciando sidra a raudales, que nos hablaba del Carmín y su tan diferente romería; de las montañas verdes intenso bañadas por playas de agua enfadada, de los culines, del fervor que emana de la misma ermita de Covadonga, incrustada en la roca como si formara parte misma de la naturaleza; de los cristianos luchando en lo alto de la cumbre contra los árabes que intentaban coronarla; o del sol perezoso que se acerca a sus cielos muy de vez en cuando.
Y allí los tres en la luna, observando la tierra que se acercaba cada vez más, nos dimos un abrazo de oso, y nos despedimos hasta más ver.

Silvia ha despertado, nos hemos tomado un café, y hemos llegado al calor extremeño, que nos ha ahogado tanto que ha costado hasta dormir.




lunes, 6 de julio de 2009

Solo el amor puede hacer que llueva

¿Qué camino tomar? ¿Qué dirección?... ¡Esta! Seguro que no me equivoco... La semana que hoy comienza terminará en alguna playa de Ortigueira, donde con calma, pueda ver cómo las olas abrazan la arena...o encontrar a ese gallego que está en la luna, dicen.






martes, 30 de junio de 2009

En Madrid y2

He vuelto, has vuelto a lugares comunes de la gran ciudad. En un nuevo viaje de retorno, se completa tras mi última visita la pieza que faltaba en el complicado puzzle. Tú la has completado en este difícil reencuentro. Con la mente, en esta travesía de 6 años 6, volvía, a veces, al Taskopolis, a la Casa de la Sidra, a aquella discoteca del trasnoche cuyo nombre nunca recuerdo, al parque de las Tres Cruces, las cuales nunca vi; al cuento dedicado; a tita Elena, "Elenita", Fri... y su entrega sincera; a la Gran Vía, a tus fotos payasas, al Retiro y la feria del libro, al autobús urbano nocturno de vuelta a Ortega y Gasset con mi compañera trastornada, al Pub Arlequín y su cuenta cuentos, a la lectura en el metro...
Gracias, Belén, por convertir estos recuerdos borrosos en carabelas encantadas; por quitarle la maza al juez implacable que existe en mí, por redimirme del todo, por tu grandeza tan pura...

Se quedaron tantas palabras en el camino durante tantas noches, que el tiempo ha hecho que las olvidemos. Pero la casualidad en el retorno, nos recordó que, por lo menos, lo que escapó a las llamas, era bonito.






Imagen: Libro El saltamontes verde y otros cuentos. Ana María Matute.
Jueves 24 de abril de 2003

jueves, 25 de junio de 2009

En Madrid

Al llegar al hostal Alcázar Regis, encontramos un edificio pretérito, más antiguo que la rueda, y nos espera un tétrico ascensor porta maletas con una inquietante cadena y una goma como mecanismo para usarlo... pero da igual.
El lugar es el 5º piso del 61 de Gran Vía. En el vestíbulo flanqueado por las barrocas puertas de las habitaciones, conviven felizmente la tecnología de un plasma de 50 pulgadas con los suelos destrozados por los pasos de miles de visitantes a lo largo de quién sabe cuanto tiempo...pero da igual.
Así aterrizamos en este Madrid en obras, curioso, que sigue igual que siempre, pero cambiando a cada visita que le haces...
Vemos amigos del pasado y del presente. Compartimos cerveza y karaoke, risas, paseos largos por las calles oscuras de Tribunal... pero sobre todo y lo esencial, compartimos nuestro orgullo por J. Él le quita importancia víctima de su humildad, pero todos sabemos que estaba feliz por su año y por este colofón sencillo, de unos 20 segundos de aparición en pantalla grande, de cine, pero seguro broche de oro en su fuero interno. Lo merecía y lo ha obtenido.

Y nosotros a su lado, mostrando nuestras mejores galas y nuestras mejores sonrisas para compartir con él ese día especial que (salvando cualquier resultado final, estaréis conmigo) quedará grabado en toda su magnitud, que para nosotros fue mucha...
Felicidades