miércoles, 19 de mayo de 2010

La veleta en el viento
















Tiene los ojos siempre llorosos y un color amarillento oscuro en los globos oculares. La voz le tiembla al hablar y da pasos lentos, aunque yo los veo firmes. Se le ve cansado de vivir, pero su raza le empuja al cielo de los imposibles, donde acaricia sus mejillas el viento tranquilizante, que le desvela secretos por la noche, en plena madrugada para que nadie los escuche.
Se escapa de sus pulmones un aliento vacío de deseos, pero el aire que entra a través de la ventana abierta le hace conformarse con levantarse cada mañana. Ya es un avance, dadas las circunstancias.
Cuando camina por la calle se fija en el resto de pupilas clavadas en sus pies, y puede observar cómo cada una de ellas asciende hasta su misma mirada, y ahí, se esfuman. Giran rápidamente hacia cualquier parte, desaparecen para siempre, y él lo sabe. Sabe que esas pupilas no pasarán nunca de la primera impresión, jamás volverán...a no ser que él las busque. Precisamente esa sensación es lo que le ha llevado a caminar, para de esa forma, poder herirla de muerte. Por eso se levanta cada mañana. Ya es un avance, se repite. Vuelve, se queda, llora un poco y sigue adelante. Desnuda su alma enclavada en la nostalgia porque le ha comprado ropa nueva, y quiere que se la pruebe.
Sabe que sus pasos le hacen avanzar, y acoge la desesperante lentitud de la vida con calma, olvidando la angustia de la noche anterior, la jodienda del desvelo y el pavor que le provoca el insomnio, que le espera fiel en su cama.
Ahora sabe que está en un lugar, que le rodean pupilas que no se marchan a la primera. Y para mí que va a quedarse. Entre todas esas pupilas, seguramente construyan un muro de suerte para él. Un muro indestructible. Sólido.
Quedarse es un avance, se dice. No abandonar. Avanzar.
Siempre.

lunes, 17 de mayo de 2010

Historias pasadas, causas presentes




En una casita del campo, vivían un joven matrimonio, el abuelo, padre del esposo y un niño de cuatro años. Todos los días, la familia al completo se sentaba en el comedor para disfrutar de suculentos manjares, y la armonía sólo se interrumpía cuando el anciano sentado a la mesa, dejaba caer una cuchara, vertía el tazón de leche o rompía algún plato; todo ello a causa de su avanzada edad, que hacía que su vista estuviera cansada y sus manos fueran muy débiles. Un día, la esposa, harta de la situación, habló con su marido, y juntos llegaron a una conclusión: "¡No podemos seguir así, lo rompe todo y está insoportable!". De modo que decidieron apartar una mesa más pequeña en un rincón del salón, en donde el abuelo comería a partir de ese momento, con cubiertos de madera. Todos los días, el anciano miraba al resto de la familia, y una lágrima rodaba a menudo por sus mejillas rendidas. Este hecho, lo observaba muy atento el niño de cuatro años.
Una mañana, el matrimonio estaba limpiando la cocina cuando reparó en su hijo, que jugaba en el patio con unos palos de madera. El padre, sonriente, se acercó hasta el crío, y muy alegre, le preguntó: "¿Qué haces?". El niño levantó la vista, igual de risueño, y respondió:
"Estoy haciendo unos cuencos y unos cubiertos de madera, para cuando tú y mamá seáis mayores, podáis comer en ellos."

'Las personas olvidarán lo que hiciste, o lo que les dijiste, pero lo que nunca olvidarán, es
cómo les hiciste sentir'.

jueves, 29 de abril de 2010

Tini



Siempre he admirado a mi primo. Desde que tengo memoria. Hace muchos años le pasó algo en los pulmones y tuvo que ser hospitalizado. Me recuerdo acompañado de mi madre al lado de la cama, haciéndole una visita. Hasta me sorprende recordarlo tan bien, porque no es una escena demasiado especial, pero el caso es que la tengo presente; yo quiero pensar que el motivo es que fue la primera vez que me preocupé por él, a pesar de mi corta edad.
Podría describirlo de mil maneras. Ha sido mi primo, mi amigo y mi jefe, no siempre al mismo tiempo. Hay algo de él que me atrae fuertemente y es su tremenda facilidad para ser feliz. Seguro que tendrá sus travesías por el desierto, pero nunca parece cruzarlo; su positivismo se contagia, su valentía te atrapa y su imaginación te arrolla. Pero el detalle de Tini que más me gusta y en el que más reparo desde hace unos años es su marcado sentido de familia. Es su valor más palpable, el más de verdad, y el que más cuida. Le apasionan sus hijos, adora a Cristina, y a pesar del río de la vida, siempre tiene tiempo para remar al lado de alguno de nosotros, y de ese modo ayudarle a llegar a la orilla. Casi todos nos pudimos encontrar el domingo pasado en el campo de mis tíos, para celebrar que Lucas había llegado a este mundo; en ese campo, hace siglos, jugaba con mis primos a las guerras de pinchos, quemábamos babosas hasta hacerlas chillar (cosas de niños), mirábamos a las ranas de la piscina inutilizada y paseábamos por los alrededores en busca de espárragos. Ese lugar es otro mundo en la actualidad; ha cambiado totalmente y sin embargo, su espíritu sigue intacto a pesar de mi tardanza en regresar.
En las nochebuenas anteriores a la marcha de la yaya, mi primo Tini siempre disparaba fotografías a todos los miembros de la mesa, pero nunca nos ha enseñado ninguna de ellas. Muchos de nosotros se lo echan en cara entre risas, pero a mi no me importa, porque mi primo tiene permanentemente en su cabeza un marco para incluir en él a la gente que quiere.


lunes, 26 de abril de 2010

Malicia en el país de las pesadillas

De lo que pudo ser y no fue, advierto, de eso voy a hablar. De que Burton, en mi opinión, ha desaprovechado una gran oportunidad para hacer la película de su vida (algo difícil por su brutal trayectoria), y en lugar de eso, ha descabezado cual reina roja una historia con un trasfondo diametralmente opuesto a lo que se puede entresacar de esta su nueva obra, rehogando todos los ingredientes de la historia de Alicia en un potaje complicado de digerir, muy bello, pero insulso e indigesto.
Llevo esperando esta película desde que vi por Internet el primer trailer, allá por el verano pasado. Esperaba que el genial director contara la historia de Lewis Carroll, la que todos conocemos y con todo su mensaje dirigido a los "locos adultos". Sin embargo, salgo del cine tras ver algo muy logrado visualmente (marca Tim), pero sin pies ni cabeza. ¿El sombrerero enamorado de Alicia?¿Qué pinta la criatura que tiene que matar Alicia, cuyo nombre ya ni recuerdo?¿Y el bicho que custodia la espada?
Estas cosas me decepcionan, porque me hubiera gustado ver de una vez a una Alicia verdadera, en un lugar maravilloso, en el cual todo es posible y la muchedad algo imprescindible para caminar por sus tierras.
No quiero ser el raro, ya que todas las opiniones que escucho son alabanzas. Me da rabia serlo, es más. Pero esto es así: no me gustan los directores que quieren dejar su huella, su impronta, en pro de los dólares y en contra de las historias mágicas, bellas y auténticas.
Si Carroll levantara la cabeza, probablemente se escondería detrás del gato de Cheshire (el único personaje que me fascinó), aunque éste desaparecería a su capricho, y el autor del cuento tendría que comerse este brebaje.
No me atrevo a asegurar qué digestión tendría.

sábado, 24 de abril de 2010

Felices coincidencias

El día del libro celebrado ayer coincidió con una circunstancia muy feliz: se entregó el premio al Fomento de la Lectura de Extremadura a la Librería San Francisco, de Mérida. Un premio a una iniciativa privada y a una labor de años, realizada por dos personas especiales, trabajadoras, sinceras y sencillas, enormes, y que se toman este galardón, más allá de la importancia que pueda tener, como un reconocimiento a ese empleo constante de sus horas en ese local.
Una librería en la que me he sentido muchas veces como en casa, y donde las historias, reales o imaginarias, se han ido entrecruzando, mezclándose en un genial cocktail formado por páginas de libros antiguos y nuevos, donde han tenido cabida aventuras de amor y de odio, de sufrimiento y de alegrías. Allí dentro han confluido historias hermosas de recuerdos, de ausencias y olvidos, de reencuentros y redenciones. Ha sido guarida de ladrones, paisaje de fantasía para los más niños, madriguera de animales extraños, y hogar con chimenea de amantes.
Todas las semanas, un grupo de personas se reúne entre las estanterías mágicas de la librería para hablar de todos estos mundos, y es por eso por lo que ayer se le otorgó este reconocimiento, merecido con todas sus letras.
La Librería San Francisco ha ganado a lo largo de los años mucho más que un premio: el respeto de todo el que la pisa; y yo he tenido el orgullo y el honor de conocerla.
Felicidades familia Gómez Cabanes.

jueves, 8 de abril de 2010

Balances

¿Cuanto tiempo se tarda en limpiar una casa?¿Qué tiempo empleamos en soplar sobre un libro lleno de polvo para que quede pulcro, como si fuera nuevo?¿Qué tiempo se tarda en pintar una pared vieja de blanco deslumbrado por el sol? ¿Tardamos un año en aprender a reír, o ya nacemos riendo? Ventilar un cuarto, recordar de nuevo la letra en su totalidad de una vieja canción, recuperar sólo para la mente antiguas costumbres infantiles, amueblar toda una cabeza y tenerla lista para "entrar a vivir" o, siguiendo la línea futbolera de S., ser absuelto de una tarjeta roja que te ha expulsado de una final...¿cuánto tiempo necesitamos para ello?
La primera mirada dura un instante, pero hay que tener calma: tenemos toda la vida para olvidarla.

sábado, 20 de marzo de 2010

Día del padre

Te fuiste tras mis tres años de vida, con lo que no tuve tiempo de echarte de menos. Tampoco pude recordarte antes, ni puedo recordarte ahora, ni te recordaré nunca. Hace un año también fue 19 de marzo, tu día, y sin embargo no me acordé de ti. No me preguntes por qué, yo tampoco lo se, pero este año sí lo he hecho.
He rememorado tus fotos, esa en la que haces una mueca a tu esposa, o esa otra en la que abrazas a tu otra hija. Pero sobre todo, he tenido presente el cuadro del salón de casa en el que apareces retratado, gracias al cual siempre has estado. Permaneces aún habiéndote ido. Tu hermana de Sevilla derrama lágrimas cada vez que me ve, y emocionada me dice que soy "clavaíto" a ti. Tus antiguos compañeros de trabajo me han abordado toda mi vida para decirme lo iguales que somos. Y tu esposa me ha contado alguna vez lo que querías a la gente, cómo la amabas a ella y cómo sufría por ti; tus bromas continuas, tu alegría o tu nefasta manera de cuidarte. La foto más valiosa que tengo es una en blanco y negro, en la que estás vestido con un pantalón gris y una camisa color claro, mirando al objetivo cegado por la luz del sol. Cuando observo esa imagen, es como si me viera en un espejo del tiempo.

Pero lo mejor son los sueños. Cuando transcurren los días y de pronto una mañana, cuando menos lo espero, recuerdo que te he soñado, y apareces tan real que para mí, eres real. Y una pizca de nostalgia que dura lo que un café me invade, y me hace desear volver a verte por la noche. Nunca he creído conscientemente en la "otra vida", pero por suerte todas las pistas me llevan a ti, que no estás aquí abajo. Creo en ti, porque sigues aquí, callado y sin dar guerra. Aquí dentro.

Siempre estás presente, y siempre lo estarás.
FELICIDADES.