sábado, 22 de mayo de 2010
La Nava con los cinco sentidos
miércoles, 19 de mayo de 2010
La veleta en el viento

Tiene los ojos siempre llorosos y un color amarillento oscuro en los globos oculares. La voz le tiembla al hablar y da pasos lentos, aunque yo los veo firmes. Se le ve cansado de vivir, pero su raza le empuja al cielo de los imposibles, donde acaricia sus mejillas el viento tranquilizante, que le desvela secretos por la noche, en plena madrugada para que nadie los escuche.
lunes, 17 de mayo de 2010
Historias pasadas, causas presentes
En una casita del campo, vivían un joven matrimonio, el abuelo, padre del esposo y un niño de cuatro años. Todos los días, la familia al completo se sentaba en el comedor para disfrutar de suculentos manjares, y la armonía sólo se interrumpía cuando el anciano sentado a la mesa, dejaba caer una cuchara, vertía el tazón de leche o rompía algún plato; todo ello a causa de su avanzada edad, que hacía que su vista estuviera cansada y sus manos fueran muy débiles. Un día, la esposa, harta de la situación, habló con su marido, y juntos llegaron a una conclusión: "¡No podemos seguir así, lo rompe todo y está insoportable!". De modo que decidieron apartar una mesa más pequeña en un rincón del salón, en donde el abuelo comería a partir de ese momento, con cubiertos de madera. Todos los días, el anciano miraba al resto de la familia, y una lágrima rodaba a menudo por sus mejillas rendidas. Este hecho, lo observaba muy atento el niño de cuatro años.
Una mañana, el matrimonio estaba limpiando la cocina cuando reparó en su hijo, que jugaba en el patio con unos palos de madera. El padre, sonriente, se acercó hasta el crío, y muy alegre, le preguntó: "¿Qué haces?". El niño levantó la vista, igual de risueño, y respondió:
"Estoy haciendo unos cuencos y unos cubiertos de madera, para cuando tú y mamá seáis mayores, podáis comer en ellos."
'Las personas olvidarán lo que hiciste, o lo que les dijiste, pero lo que nunca olvidarán, es
jueves, 29 de abril de 2010
Tini
Siempre he admirado a mi primo. Desde que tengo memoria. Hace muchos años le pasó algo en los pulmones y tuvo que ser hospitalizado. Me recuerdo acompañado de mi madre al lado de la cama, haciéndole una visita. Hasta me sorprende recordarlo tan bien, porque no es una escena demasiado especial, pero el caso es que la tengo presente; yo quiero pensar que el motivo es que fue la primera vez que me preocupé por él, a pesar de mi corta edad.
Podría describirlo de mil maneras. Ha sido mi primo, mi amigo y mi jefe, no siempre al mismo tiempo. Hay algo de él que me atrae fuertemente y es su tremenda facilidad para ser feliz. Seguro que tendrá sus travesías por el desierto, pero nunca parece cruzarlo; su positivismo se contagia, su valentía te atrapa y su imaginación te arrolla. Pero el detalle de Tini que más me gusta y en el que más reparo desde hace unos años es su marcado sentido de familia. Es su valor más palpable, el más de verdad, y el que más cuida. Le apasionan sus hijos, adora a Cristina, y a pesar del río de la vida, siempre tiene tiempo para remar al lado de alguno de nosotros, y de ese modo ayudarle a llegar a la orilla. Casi todos nos pudimos encontrar el domingo pasado en el campo de mis tíos, para celebrar que Lucas había llegado a este mundo; en ese campo, hace siglos, jugaba con mis primos a las guerras de pinchos, quemábamos babosas hasta hacerlas chillar (cosas de niños), mirábamos a las ranas de la piscina inutilizada y paseábamos por los alrededores en busca de espárragos. Ese lugar es otro mundo en la actualidad; ha cambiado totalmente y sin embargo, su espíritu sigue intacto a pesar de mi tardanza en regresar.
En las nochebuenas anteriores a la marcha de la yaya, mi primo Tini siempre disparaba fotografías a todos los miembros de la mesa, pero nunca nos ha enseñado ninguna de ellas. Muchos de nosotros se lo echan en cara entre risas, pero a mi no me importa, porque mi primo tiene permanentemente en su cabeza un marco para incluir en él a la gente que quiere.
lunes, 26 de abril de 2010
Malicia en el país de las pesadillas
Llevo esperando esta película desde que vi por Internet el primer trailer, allá por el verano pasado. Esperaba que el genial director contara la historia de Lewis Carroll, la que todos conocemos y con todo su mensaje dirigido a los "locos adultos". Sin embargo, salgo del cine tras ver algo muy logrado visualmente (marca Tim), pero sin pies ni cabeza. ¿El sombrerero enamorado de Alicia?¿Qué pinta la criatura que tiene que matar Alicia, cuyo nombre ya ni recuerdo?¿Y el bicho que custodia la espada?
Estas cosas me decepcionan, porque me hubiera gustado ver de una vez a una Alicia verdadera, en un lugar maravilloso, en el cual todo es posible y la muchedad algo imprescindible para caminar por sus tierras.
No quiero ser el raro, ya que todas las opiniones que escucho son alabanzas. Me da rabia serlo, es más. Pero esto es así: no me gustan los directores que quieren dejar su huella, su impronta, en pro de los dólares y en contra de las historias mágicas, bellas y auténticas.
Si Carroll levantara la cabeza, probablemente se escondería detrás del gato de Cheshire (el único personaje que me fascinó), aunque éste desaparecería a su capricho, y el autor del cuento tendría que comerse este brebaje.
No me atrevo a asegurar qué digestión tendría.
sábado, 24 de abril de 2010
Felices coincidencias
Una librería en la que me he sentido muchas veces como en casa, y donde las historias, reales o imaginarias, se han ido entrecruzando, mezclándose en un genial cocktail formado por páginas de libros antiguos y nuevos, donde han tenido cabida aventuras de amor y de odio, de sufrimiento y de alegrías. Allí dentro han confluido historias hermosas de recuerdos, de ausencias y olvidos, de reencuentros y redenciones. Ha sido guarida de ladrones, paisaje de fantasía para los más niños, madriguera de animales extraños, y hogar con chimenea de amantes.
Todas las semanas, un grupo de personas se reúne entre las estanterías mágicas de la librería para hablar de todos estos mundos, y es por eso por lo que ayer se le otorgó este reconocimiento, merecido con todas sus letras.
La Librería San Francisco ha ganado a lo largo de los años mucho más que un premio: el respeto de todo el que la pisa; y yo he tenido el orgullo y el honor de conocerla.
Felicidades familia Gómez Cabanes.
jueves, 8 de abril de 2010
Balances
La primera mirada dura un instante, pero hay que tener calma: tenemos toda la vida para olvidarla.