lunes, 11 de enero de 2010

Duendeando a los 31



La vida te arrolla sin compasión cuando vas viendo la cifra que conforma la edad que cumples. Solamente tenemos un cuerpo y hay que cuidarlo (decía alguien muy querido), los ojos van brillando cada vez con más intensidad y las arruguitas de la piel se van librando poco a poco de su diminutivo. En ese camino, es importante pisar con firmeza para que los pies nunca pierdan su tono, hay que palmear las manos constantemente para evitar que el frío del tiempo las congele, se debe poner empeño en todo lo que se viva y dotarlo de la mayor de las ilusiones, para que la mente te lo agradezca con cachitos de alegría.
Hay que llenar de pegatinas de colores el tablón del calendario, sin tachar los días como si murieran con la aurora que anuncia la llegada de la noche, a donde hay que acercarse para sembrar estrellas siempre, siempre que se pueda.
Es fundamental estar acompañado de la gente que te aprecia, que te piensa en algún momento de su vida. Contar con ellos aunque no puedas abrazarlos en plan oso cuando quieras.
La vida te va regalando momentos para guardar en tarritos esenciales, que deberás coleccionar en un buen lugar libre de humedades y peligros que puedan acecharle. No se debe encerrar el alma en un cuarto vacío, donde seguro correrá la suerte de autocompadecerse para evitar los ataques que siempre llegan, y a los que debemos poner freno con grandes tiradas de petardos y amplias y desfiguradas sonrisas. Hay que celebrar cada cifra nueva que vaya sumándose a nuestra historia y seguir manteniendo el punto de locura necesario para poder afrontar el mundo que dicen, es tan complicado como parece.
El soñador pudo comprobar hace dos días cómo todas sus lunas acudían a un mismo encuentro, llenando de alboradas plateadas los rincones de cartulina de una tasca; se sintió orgulloso de los niños y niñas que conocían todas las canciones de la tierra que cantadas con la fuerza de un ciclón de confeti, arrasaron con las arañas que colgaban de los tejados.
Fue ayudado por una bruja piruja que siempre le acompaña llenando de soles sus inviernos, le agarra fuerte de la mano siempre que debe atravesar un terreno lleno de fango, pero sobretodo, le susurra al oído siempre que puede que cuente con ella, que cada vez que la llame acudirá volando con su escoba de serpentinas.
Por arte del embrujo mismo, el soñador quiere más que nunca, seguir regando todas las lunas que pueda para que haya vida en ellas, tocando siempre su guitarra con placa de plata y volando por esta vida, contra viento y marea, contra las sombras que acecharán, en plan comando y disparando escopetas de flores per – fumadas.

5 comentarios:

Luis dijo...

Sólo viendo lo bien que nos lo pasamos, uno se da cuenta de cómo puede ser el tipo que celebraba el cumpleaños. ¡Gracias por propiciar que lo pasáramos tan bien!
Si es por esto, no dejes de cumplir años nunca.

JuanFer dijo...

Muy bonito Chescu, yo me lo pase de la ostia, lo unico q me quede con ganas d meterte los pelos al PRO.

Un abrako.

JuanFer dijo...

Muy bonito Chescu, yo me lo pase de la ostia, lo unico q me quede con ganas d meterte los pelos al PRO.

Un abrako.

http://www.spanishflavour.eu

Los viajes que no hice dijo...

Estás igual de guapo a los 31 y me gustan mucho tus abrazos de oso.

sofía dijo...

Hacia tiempo que no celebrabas un cumple y se me había olvidado el poder de convocatoria que tenias,¿por qué será? ¿tendrá algo que ver lo buena gente que eres? a seguir cumpliendo y yo que pueda verlo y estar contigo. besitos bombón