Me niego a pensar que don Dinero es el dj de esta fiesta. La música no deben ponerla los mercados, sino esa gente que ensaya tres horas diarias a la batería, o aquellos otros que se llevan la guitarra hasta el baño, descartando una y mil veces la nada despreciable lectura de la parte trasera de un champú. El poder consiste en levantarte como un resorte cada vez que te tumba una imagen del telediario; reside en las mentes que no pueden dormir por la noche, porque no paran de imaginar ideas nuevas para el día siguiente; el poder se encuentra en nuestras borracheras de pura alegría, que igualmente, tienen mil caras: las de un hijo sonriente viviendo su disfraz, las de la risa atontada a la hora en que se cruzan las últimas máscaras con el personal de limpieza del ayuntamiento, o las de una chimenea encendida en una casa rural perdida.
El truco no está en madrugar más que nadie, en preocuparse más que nadie, en llorar más que nadie. El truco no es exigir, ni mentir, ni decir por decir. Ni aparentar, ni despreciar, ni pisotear. El truco ni mucho menos es humillar, tampoco robar, tampoco imponer, ni esconder, ni manipular.
El truco sencillamente, es que no hay truco. La vida, es y debe ser, verdadera magia.

