domingo, 8 de febrero de 2009

Próxima salida

Paso todas las tardes en una estación de autobuses. Cada día cruza por sus pasillos gran cantidad de gente, cada día puedo observar muchas piernas a punto de marchar, o regresando de su aventura. Los viernes la estación recibe más caminos cruzados que un día normal: un grupo de estudiantes con sus mochilas, dos amigas que saltan de alegría al reencontrarse en la entrada, donde me estoy fumando un cigarro, vagabundos que tienen establecido su campamento en los bancos del centro de la gran sala de espera; el camarero de la cafetería que cada día atiende a viajeros de todas partes...
Las estaciones son de los pocos sitios sociales en los que sabes que tardarás mucho en volver a ver a las personas que cruzan por ellas; no son igual que nuestro lugar de trabajo, que nuestra bar de siempre, el mercado, el lugar de vacaciones familiar, o nuestro pueblo natal... donde sabes que vas a ver a la gente de siempre, ya los conoces y están contigo.
Pero en las estaciones sólo tienes una oportunidad normalmente para ver a una determinada persona.
En mi estación estoy sentado con las manos en mis bolsillos, protegiéndome del frío; diviso frente a mí al gran vehículo en el andén, esperando. Tengo la sensación de que voy a perderlo, a pesar de haber llegado con puntualidad inglesa; sin embargo, sigo sentado en mi banco, con mis manos protegidas, tarareando algún soniquete, e inmóvil.

Será mejor que saque ya el billete, antes de que se escape...

1 comentario:

javier dijo...

he partido mi alma en ciento de maletas intentando llegar a mi estación,he buscado un buen puerto donde refugiarme tantas veces como viajeros encontraron sus destinos, he llorado y despedido a quienes sin más dijeron adiós, compré billetes, perdí autobuses, esperé en la salida, maldecí tu retraso,...
pero es sólo ahí, en la estación donde tantas veces saboreé el abrazo tierno de la bienvenida, el cálido reencuentro con tu mirada, el beso fugaz de la vergüenza y la victoria triunfal de mi llegada.